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Apostilla
La apostilla es un certificado oficial que acredita que un documento público (como una partida de nacimiento o un título) es auténtico, para que otro país lo acepte sin más trámites. Solo funciona entre países que firmaron el Convenio de La Haya.
Cuando te mudas al extranjero, las autoridades del país de destino casi nunca se fían de un documento tal cual. Quieren una prueba de que la firma, el sello o el cuño que lleva son auténticos. La apostilla es la forma normalizada de dársela: una autoridad competente del país que emitió el documento le añade un certificado que verifica su origen. Una vez apostillado, el documento se acepta en cualquier otro país firmante del Convenio de La Haya sin pasos adicionales.
En España conviene saber desde el principio que la autoridad que apostilla depende del tipo de documento, y equivocarte solo te hace perder un viaje. Los documentos notariales se apostillan en el Colegio Notarial correspondiente; los documentos judiciales y los emitidos por autoridades judiciales, en la Secretaría de Gobierno del Tribunal Superior de Justicia de cada comunidad autónoma; y los documentos administrativos y académicos, ante el Ministerio de Justicia o sus Gerencias Territoriales. Acertar de primeras te ahorra una cola que, en plena mudanza, no te apetece nada.
Lo necesitarás sobre todo para documentos que prueban quién eres o qué has hecho: partidas de nacimiento y de matrimonio, certificados de antecedentes penales, títulos universitarios, poderes notariales. Estos papeles salen una y otra vez durante una mudanza, desde empadronarte hasta abrir cuentas. Suele ir de la mano de tu prueba de fondos y del resto de la documentación cuando solicitas un permiso de residencia.
Aquí está el detalle que mucha gente pasa por alto. La apostilla solo certifica que el documento es auténtico; no dice nada sobre si su contenido está traducido, ni sobre si basta a efectos legales para lo que tú necesitas. Muchos países siguen exigiendo una traducción jurada aparte, hecha a veces por un traductor jurado del país de destino. Y si el país al que te mudas nunca firmó el Convenio de La Haya, la apostilla no te servirá de nada: tocará recurrir a la «legalización» completa a través de embajadas y consulados, más lenta y más cara.
Los plazos y el coste varían muchísimo según el país y el tipo de documento, así que no lo dejes para la última semana. Empieza a reunir las apostillas con tiempo y comprueba si cada documento tiene una fecha de caducidad (los certificados de antecedentes penales, por ejemplo, solo suelen aceptarse si se han expedido en los últimos tres a seis meses). Cuando organices los documentos que requiere tu mudanza, el asistente de mudanza te ayuda a ver dónde encajan las apostillas, junto con pasos como conseguir un número de identificación fiscal. Esto es información general, no asesoramiento legal, así que confirma los requisitos exactos con la autoridad emisora oficial o con un profesional cualificado.
Dónde te lo encontrarás
- En el Colegio Notarial, el Tribunal Superior de Justicia o el Ministerio de Justicia, según el documento, pidiendo el sello de la apostilla antes de marcharte.
- Durante una solicitud de residencia o visado en el extranjero, cuando los funcionarios te exijan copias autenticadas de tu partida de nacimiento o de tus antecedentes penales.
- Al matricularte en una universidad extranjera o al homologar un título, cuando el diploma tiene que estar apostillado y, muchas veces, traducido.